El achicamiento de la participación asalariada se explica tanto por la pérdida de poder de compra como por la transformación regresiva de la estructura de empleo. Durante el período analizado, los puestos de trabajo registrados crecieron apenas un 3,7%, mientras que los empleos no registrados se expandieron un 27,6%. A su vez, los puestos no asalariados (que abarcan a monotributistas, autónomos, trabajadores de aplicaciones y sectores de la economía popular) mostraron un salto del 32,6%.
De los 7,3 puntos del PBI perdidos por los asalariados, los capitalistas absorbieron 2,1 puntos bajo la forma de ganancias. La mayor expansión la registró el ingreso mixto, que pasó del 12,5% al 16,3% del PBI, lo que representó un incremento del 31% en la participación de este segmento informatizado y precarizado.
Aceleración de la informalidad y la respuesta sindicalLa tendencia se profundizó marcadamente en los últimos dos años. Entre el primer trimestre de 2024 y el mismo lapso de este año, el empleo asalariado registrado perdió 200 mil puestos (una caída del 1,73%), mientras que los puestos no registrados aumentaron en 430 mil personas (un crecimiento del 4,22%). En paralelo, los puestos no asalariados crecieron un 7,36% en el mismo bienio.
Esta transferencia de riqueza se sostuvo de forma ininterrumpida a lo largo de una década sin distinguir banderas políticas, lo que refleja una ofensiva estructural sobre las condiciones de vida de la clase trabajadora. Ante este escenario de retroceso histórico, la conducción del movimiento obrero organizado y las centrales sindicales mostraron una respuesta insuficiente que no estuvo a la altura para frenar la consolidación del trabajo precario y la pérdida de derechos laborales.
Fuente: El Argentino.
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