Hace algunos años, la religiosa —nacida y criada en esta localidad santafesina— vivió un momento que hoy cobra un significado aún más especial: su encuentro personal con el Sumo Pontífice en el Vaticano, durante la clausura del Año de la Vida Consagrada en 2015.
Erika Escobar, egresada de la escuela secundaria Daniel Jukic y formada en Trabajo Social en Corrientes, lleva más de 25 años dedicada a la vida religiosa dentro de la congregación de las Carmelitas Descalzas. Actualmente presta servicio en un convento de San Nicolás de los Arroyos.
En diálogo con Florencia Hoy tiempo atrás, había relatado la importancia de aquel evento histórico: “Por primera vez invitan a las religiosas contemplativas. Éramos más de 5000 consagrados de distintas ramas como benedictinas, clarisas y carmelitas. Fue un avance muy importante, una señal de que la Iglesia se está actualizando”.
Sobre su encuentro con el Papa, lo describió como un momento breve pero profundamente significativo: “Fue muy sencillo y cercano. Estábamos muy nerviosas. Después de la misa en Santa Marta pudimos saludarlo. Nos preguntó de dónde éramos, le dijimos que de Argentina. Le agradecí por su amor hacia los más pobres y le pedí que rece por nuestro país. Él nos respondió: ‘Y ustedes recen por mí porque lo necesito’”.
Además, en aquella oportunidad, la delegación argentina le hizo llegar distintos obsequios, entre ellos cartas, alfajores y artesanías, como símbolo del cariño de su pueblo.
Hoy, tras su fallecimiento, ese recuerdo adquiere un valor aún más profundo para la hermana Erika y para toda la comunidad de Florencia, que encuentra en sus palabras el reflejo de un Papa que dejó huella por su humildad, su cercanía y su permanente llamado a la solidaridad.
El testimonio de la religiosa no solo revive un encuentro personal, sino que también resume el legado de un pontífice que transformó la manera de entender el servicio dentro de la Iglesia, acercándola a la gente y, especialmente, a quienes más lo necesitan.
Seguinos en redes sociales:











